Esta es una noticia que tiene más que ver con un microcosmos que con noticias mediáticas, con la vida cotidiana y usual de las personas con los sentires, los quereres y el valor de la amistad. Espero que os guste si queréis más información la podéis encontrar aquí, Manuel Rodríguez Sales, MÚSICO, MAESTRO.
Hace unos años surgió una agria polémica en torno a la ubicación de un conservatorio superior de música. Dentro de esa lucha estaban inmersos dos municipios, cada uno con su cantinela. Leganés y Getafe luchaban musicalmente hablando por la consecución de este equipamiento, cada una de las ciudades esgrimía sus mejores “instrumentos”; la una ser la capital del sur de Madrid y la otra ser la capital musical del sur. En este caso ganó el municipio capital del sur de nuestra comunidad.
Pero los años han pasado y pese a que algunos se cuelguen determinados carteles, el patrimonio se conserva y nuestra conservación sigue siendo nuestro patrimonio musical. El conservatorio [(Del lat. conservatorĭus). 1. adj. Que contiene y conserva alguna o algunas cosas. 2. m. Establecimiento, oficial por lo común, en el que se dan enseñanzas de música, declamación y otras artes conexas[1]] se fue para Getafe, pero en nuestro municipio seguimos conservando nuestro patrimonio musical. Aquel que sembró una figura recordada y sentida D. Manuel Rodríguez Sales, para muchos el padre musical de los municipios del sur. Hay que recordar que cuando sólo en Madrid existía el Conservatorio de Música y la Banda Municipal, el resto de municipios inmersos en los tiempos convulsos e inquietos de la transición democrática no disponían apenas de patrimonio musical y mucho menos, de equipamientos e infraestructuras musicales. Quizás nuestro municipio sea pionero en el inicio de la cultura musical, y como no con él nuestro añorado director, padre y músico.
Después de agrias polémicas en torno a la instauración de este equipamiento y de la jubilación de nuestro maestro, vivimos la época de consolidación de ese nuestro patrimonio musical. La Escuela de Música cambió de localización (del Paseo de Colón al Centro Cívico Santiago Amón) y con ella amplió, divulgó y consolidó su riqueza. Cierto es que en esta época (la actual) hay muchos más profesionales y licenciados músicos que en la época anterior, pero también hay que recordar que aquella fue una fase iniciática y que aquellos primeros profesionales son los que hoy en día enriquecen, producen y enseñan a los profesionales de la música actuales.
El maestro no sólo consiguió captar a los jóvenes de aquella época, les dio un lugar de encuentro, unas amistades, algo que compartir (la música) y con ello el valor de los recuerdos y el de profundas y consolidadas amistades de por vida. Aún recuerdo cuando con 6 años, una pobre mujer (pobre económicamente, aunque rica en cariño, esfuerzo, abnegación, amor,…) rota por el reciente fallecimiento de su joven marido (37 años) apuntó a sus dos hijos mayores de 6 y 9 años, que asistían a las clases del Colegio Público Marqués de Leganés, a las clases de solfeo y a la banda de cornetas, tambores y gaitas. Donde cada tarde acudían sin “faltar” a las clases y donde poco a poco se fueron trabando múltiples amistades y conocimientos musicales, donde se instalaban valores y actitudes musicales y humanas que hoy han forjado una madurez musical y un valor humano incalculable en nuestro municipio. Aquellos niños y jóvenes de los que hablamos hoy son unos adultos maduros, trabajadores y trabajadoras, padres y madres, algunos músicos profesionales otros (como yo, negados para la música) músicos en el alma, pero ante todo amigos, de lo nuestro de “nuestro conservatorio”.
Mis colegas antropólogos, los más famosos Levi Strauss y Margaret Mead, cuando estudian una sociedad además de fijarse en sus costumbres, sus ritos de apareamiento y de corte, en sus ritos de transición, en las líneas de parentesco, etc., también estudian su música, como medio para conocer esa sociedad o cultura. Si un antropólogo musical hiciese eso en nuestro municipio daría fe de la variedad, riqueza y amplitud de nuestra música. Por ello, hoy más que nunca tenemos que ser conscientes de la figura que nos representó, enseñó, acunó y meció en los ritmos musicales, aquella que ahora hemos tratado de honrar de la manera que mejor sabemos hacerlo tocando, dirigiendo, cantando, pero ante todo con el más profundo de los reconocimientos, desde el cariño, la amistad sincera y con la misma música de por medio; aquella que nos enseñaron hace años.
[1] www.rae.es



