Cuando uno piensa en el fenómeno de la inmigración, rápidamente le vienen a la cabeza esas imágenes que todos/as estamos hartos de ver en la televisión de personas subsaharianas que se juegan la vida viniendo a nuestro país en los llamados cayucos (término canario) o piraguas (como ellos las llaman). Muchos de ellos afrontan travesías de más de 9 días siguiendo la estela de los pesqueros, petroleros, barcos de gran tonelaje que van de forma paralela a la costa de África.
Además algunos partidos políticos se han dedicado a magnificar esta tragedia humanitaria y a hacer de este problema internacional y colonial, una sangría de magnificadas proporciones. En vez de buscar y colaborar en la proposición de soluciones al problema, hacer oposición no es sólo ir en contra de algo, oponerse, sino que también incluye el aportar propuestas, soluciones, puntos de vista equidistantes, que puedan aportar nuevas visiones en la resolución de los problemas. Pero mientras continuamos con unos políticos irresolutivos, con falta de ideas, carácter, etc., distintos colores…misma forma de pensar. Y la gente sigue muriendo o menos como recalca esta noticia. Menos muertos en los cayucos.
Decía una canción de un gran artista español de rock (Loquillo y los trogloditas),
“Incluso cuando se siente como romanos,
de aquellos de la época de la decadencia,
se rascan la memoria con las dos manos,
sin poder hablar más que con su silencio.
Y ya no quieren hacerse amar
porque se dan muy poca importancia.
Están desesperados,
pero con elegancia…”
Así es como deberían sentirse nuestros políticos, más los de algún que otro partido político, que se dedica a hacer oposición, pero ahora el que calla otorga, pero con elegancia.
Sigue la canción:
“Sienten la pendiente más resbaladiza
que antaño, cuando su cuerpo aún era ligero.
Y leen en los ojos de las hechiceras
que cincuenta años es una providencia.
Y queman su juventud moribunda
aparentando que les hace gracia
están desesperados,
pero con elegancia…”
Sin palabras algunos superan esa edad de los cincuenta años, siguen porfiando y declamando, denunciando y poniendo el grito en el cielo, pero con elegancia.
Y para concluir:
“Y van atravesando los bares
donde ya son los más viejos
salpicando con las propinas
a callados camareros.
Y les susurran barbaridades
a hembras que casi están rancias.
Están desesperados,
pero con elegancia…
Conocen el peso de su cobardía
y pueden no perdonarse jamás;
y saben prescindir un día y otro día
de eso que se entiende por felicidad.
Y aunque ya casi no hay en qué soñar
se sienten orgullosos
porque aún bailan sus almas.
Están desesperados,
pero con elegancia…”
Pues eso que la canción dice mucho… espero que lo sigan haciendo con elegancia, ya que pese a todos tenemos que ser consciente de su cobardía y de como dadas sus regalías siguen siendo humanamente humanos (valga la redundancia) y comenten errores como éstos.



